En ella encuentro texturas y formas que me inspiran: la corteza rugosa de un árbol, la piel de una piedra erosionada, una hoja que se seca al sol.
Cuando trabajo la plata o el oro, siento que dialogo con lo natural.
En mis manos ocurre una pequeña alquimia: los metales se transforman y adoptan nuevas formas, conservando las marcas del proceso y el carácter de lo hecho a mano.