Siempre que paseo por la playa encuentro tesoros preciosos. A veces son piezas enteras como una concha, una caracola o erizo de mar… pero la mayoría de las veces son fragmentos, trocitos de algo que tiempo atrás fue algo bello y perfecto.
Quizás ahora ya no sean perfectos, pero para mi, estos fragmentos siguen siendo igual o incluso más bonitos que antes, ya que marcan la diferencia, transmiten el paso de la vida y el tiempo y al no ser piezas enteras el patrón habitual no se repite.
Perfecta imperfección.
Sea Skin nace de esos fragmentos y de la belleza que encuentro en sus formas, texturas y pequeñas cicatrices. Una colección que transforma aquello que el mar deja en la orilla en joyas que conservan parte de su historia.
Y algo esencial para mí: ninguna de estas piezas nace haciendo daño a un ser vivo. Trabajo únicamente con hallazgos marinos sin vida y, si encuentro cualquier atisbo de ella, vuelven al mar. Siempre.